Donald Trump, Presidente de Estados Unidos junto al jefe del Pentagono, Jim Mattis. Foto: Kevin Lamarque.

EEUU-. Donald Trump reaccionó al primer atentado yihadista de su presidencia con una arenga antiinmigración fiel a su libro de estilo, pero de una vehemencia sorprendente incluso en sus parámetros. El martes, Sayfullo Saipov, de 29 años, invadió con su camioneta un carril bici en Nueva York y mató a ocho personas siguiendo instrucciones del ISIS. Era de origen uzbeko y había logrado la residencia gracias a una lotería de visados.

El dato bastó a Trump para anunciar apenas 24 horas después de la tragedia el cese de ese sistema y desempolvar un lugar maldito de la lucha antiterrorista americana: la cárcel de Guantánamo.

El de la tarde de Halloween fue el peor atentado sufrido en Nueva York, la ciudad natal del presidente, desde el 11-S. La metrópolis, cuya policía local cuenta con una unidad antiterrorista sin parangón, con su propio servicio de inteligencia y agentes repartidos por el mundo, se vio atacada por un tipo de terrorista al que es difícil de parar: un lobo solitario armado con una camioneta alquilada.

“Un animal”, dijo Trump este miércoles, antes de comenzar la reunión de su gabinete en Washington. Preguntado por un periodista, respondió de “desde luego” se plantearía enviarlo a ese centro de reclusión que George W. Bush abrió en la base militar estadounidense de Cuba, precisamente después de la masacre de la Torres Gemelas.

Con información de El País